El E-cochaski

Notas socioambientales del Perú (y allá)

DIEZ CANSECO, Javier | Milagro: el agua transformada en sangre diciembre 30, 2011

Lima, 24.12.2011. (Columna de Javier Diez Canseco en Diario16.com.pe) | Fundado el 1 de mayo de 1868 por el General Pedro Diez Canseco, entonces Presidente de la República, luego de una epidemia de fiebre amarilla que produjo cerca de 6,000 muertos en Lima, el Hospital Dos de Mayo culminó su construcción hace 136 años, en 1875, con el Presidente Pardo. Pocos años después lo ocuparían las fuerzas invasoras chilenas, entre 1881 y 1883, quitándoselo a la ciudad. En sus viejos edificios se siente el espíritu y la inspiración del mártir de la medicina nacional, Daniel A. Carrión, quien murió allí, en 1885, sacrificándose por investigar y curar la verruga peruana. Sus paredes guardan los secretos del memorable trabajo de laboratorio de Oswaldo Hercelles, que aisló la Bartonella bacilifornis; del destacado cirujano Guillermo Gastañeta y de médicos de la talla de Hermilio Valdizán, Aurelio Alarco, Augusto Dammert, Juan Botto, Juan José Mostajo, Max Olaechea, Carlos Lanfranco y Víctor Alzamora, entre otros.

El Hospital Dos de mayo, sede de la primera escuela de medicina nacional, la Facultad de Medicina de San Fernando, y que hace más de un siglo inició el tratamiento a la TBC y el trabajo de laboratorio e importantes cambios en la atención de salud, ha sido también testigo de múltiples convulsiones sociales, cuyos heridos y muertos fueron conducidos a sus Pabellones y servicios de emergencia. Ha vivido dramas tremendos, entre los que se cuenta alguna ejecución extrajudicial.

El viejo Pabellón Santo Toribio del Hospital Dos de Mayo alberga una nueva historia de dolor e injusticia: la de Elmer Campos. Unas 12 horas antes de la “Nochebuena” lo encontré tendido en la cama 14 de la enorme sala del pabellón. Tenía un polo verde, con el nuevo símbolo de Perú ( inspirado en las líneas de Nasca), y su madre y hermano le masajeaban las extremidades paralizadas. Sobre el pañal para adultos que oculta la entrada de la sonda urinaria que le arde, una inmensa cicatriz da cuenta de la operación que, en Chota, le extirpó un riñón y el bazo como resultado de los balazos recibidos.
Una bala se alojó en su columna y le cortó la médula, dejándolo paralítico de por vida y sin capacidad de controlar los esfínteres. Casi bajo el brazo, otras cicatrices dan cuenta de una bala que pasó por el pulmón.

Campos es un campesino delgado. Vive en el campo, en Bambamarca. Su mujer y dos pequeños hijos están en su terruño. Su madre está alojada en un hogar de monjas para acompañarlo, y su hermano ha llegado a hacer la posta y vive con algún pariente de un barrio de las afueras de Lima. Él no deja de repetir que quiere volver a caminar, a sentir las piernas, que le saquen la sonda que le arde, la bolsa que cuelga de la vieja cama de mediados del siglo pasado.

Sus ojos se humedecen, mientras los médicos que nos acompañan me explican el cuadro y la lesión que trajo la operación de Chota y Chiclayo. Le combaten una infección para ver la posibilidad de trasladarlo al Instituto Nacional de Rehabilitación del Callao y que pueda aprender a sobrevivir en este violento vuelco que le dio la vida.

Para Elmer es como una caverna que no tiene luz al final del túnel. Todo le parece oscuro. Dice que un neurocirujano le ha hablado de las células madre como capacidad de recuperar la médula, que ha funcionado con la niña Romina, que ya siente y puede mover una pierna, que hay países que tendrían la tecnología… Los médicos se miran entre sí, lo ven llorar y quebrarse, recomponerse y respirar con dificultad. Entran al tema de su SIS y las medicinas, porque su SIS se agotó y debe ser visto como caso especial. Se cubren algunas necesidades inmediatas.

Yo le digo que hace 62 años que cojeo y pude abrirme paso. Que el tendrá que ser fuerte y aprender algo nuevo, porque en la chacra le será difícil. En su cabeza pensará, de qué me habla este señor, qué tiene que ver una secuela de polio con lo que me está pasando. Le digo que somos 3 millones de peruanos con alguna discapacidad. Y me cuenta que tiene secundaria completa y que quiso estudiar algo en educación superior, pero no lo hizo. Le refuerzo esa idea y que muchos lo han acompañado y lo acompañarán, que no está sólo.

No hicimos nada, dice. Allí esta colgado un video en la Web, mírelo, me repite. Estábamos defendiendo el agua, nuestras chacras, nuestra vida. La empresa ha mentido y abusado tantos años (más de 20, pienso para mis adentros, recordando a Montesinos conversar con el representante de Yanacocha en el SIN, en un vladivideo).

Le cuento que me he visto con Marco Arana, hace poco. Me pregunta, ¿quién es Arana? El cura de Grufides, le digo. La respuesta es directa: no lo conozco. Hablamos de la responsabilidad del Estado, de su derecho a un juicio, a una indemnización, a un punto de partida nuevo. Le digo que requerimos informes médicos con su historia clínica y quedamos en vernos el lunes para comenzar a preparar las solicitudes y tramitarlos, desde Chota y Chiclayo, hasta Lima. Pienso, para mis adentros, en los que conducen políticas como la de Yanacocha, en el resentimiento que han acumulado en la gente. En lo torpe de su manejo y o que cuesta en la vida real de la gente. Me callo.

Elmer me regresa al momento: vuelve a las células madre. Le explico que es un procedimiento experimental, y que no conozco experiencias exitosas en la médula, para reconstruirla una vez rota de un balazo. Mira a los médicos. Silencio. “¿Pero, averiguará usted?” Claro, le contesto, no lo dudes.

“¿Y volverá?” No lo dudes. El lunes comenzamos a trabajar con tu familia, pero tú tienes que ser fuerte por tu mujer y tus hijos. Por ti mismo. La pregunto si le gusta leer. La respuesta es afirmativa. Le llevaré unos libros. Me despido y quedo en volver.

Al salir, lo cuento en twitter y alguna de esas bestias que llevamos dentro, y que siempre se expresa a través de aquellos para quien los otros no existen, contesta   ”quién lo manda a ser un revoltoso”…

Entonces, siento que las brechas del país son enormes, que la violencia está a flor de piel, que –para muchos- el otro no existe, más aún si afecta “mis intereses, mi manera de vivir”.

Pienso en cómo se ganó el puesto el Premier Valdez, en la ira contenida de los que votaron por el agua, primero por el agua… Y siento necesario contar lo vivido y cómo el agua se transformó, no en vino sino en sangre.

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Tomado del diario on line Diario16.com.pe
Fecha de publicación en El E-cochaski:
Viernes 30 de diciembre de 2011

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