El E-cochaski

Notas socioambientales del Perú (y allá)

ARANA, Marco (“Prensa Libre Mundo”) | Los cajamarquinos no nos merecíamos esta modernidad septiembre 8, 2011

El trazo colonial de la ciudad de Cajamarca, aunque impuesto desde afuera, configuró un modelo de orden y funcionalidad urbanas. El modelo español de ciudad tipo damero preveía vías de acceso que interconectaban el centro administrativo, comercial y cultural de la ciudad, aprovechaba bien la luminosidad solar y la colocaba en medio de dos ríos que daban vida a las casas huertas y al aprovisionamiento con productos de pan llevar para su población. Desde los años setenta y la proliferación de los pueblos jóvenes ese patrón comenzó a romperse, logrando una cierta estabilidad hasta los años 80. Sin embargo, el auge de la minería aurífera que comienza el año 1993 trae una nueva oleada migratoria frente a la cual la autoridad municipal que promueve la instalación de las actividades mineras no tiene ninguna propuesta de planificación urbana para hacer viable la ciudad y, los ciudadanos aún estamos lejos de asumir las responsabilidades que deberíamos, a lo mejor, tan solo por el hecho de vivir agradecidos a Dios por haber nacido aquí.

Insegura. Con la llegada de la minería y la política carcelaria que decide instalar en las inmediaciones de la ciudad una cárcel de alta seguridad, la ciudad se vuelve rápidamente insegura. El consumo de drogas se ha extendido, la ocurrencia de casos de delincuencia común se ha incrementado, a la par que el crimen se ha vuelto organizado, no solo en bandas para asaltar individuos, negocios, viviendas, sino hasta llegar a contar con “su propio bazar” para la venta de productos robados a solo dos cuadras de la plaza de armas y, por si se necesitara una señal indubitable de que la ciudad ha entrado en la modernidad, la prostitución hace negocios en pleno centro de la ciudad.

Insostenible. El valle está siendo eliminado. El agua potable no alcanza para todos los habitantes de la ciudad, ahora mismo llevamos semanas de racionamiento de agua. El San Lucas, la principal quebrada que atraviesa la ciudad fue convertida en el basurero de las viviendas tugurizadas que se construyeron en sus dos márgenes y, para variar,  se convierte también en el botadero de la sanguaza del camal municipal. El centro de la ciudad se halla totalmente congestionado por el crecimiento acelerado del parque automotor y los niveles de contaminación por particulado de plomo y arsénico, en el centro de la ciudad ha llegado a tener los mismos niveles de contaminación que tiene el parque universitario de Lima. Aunque inmoralmente, la municipalidad cobra por tratamiento de aguas servidas, este sistema lleva años colapsado y hasta el hospital regional y las clínicas privadas que han proliferado no cuentan con sistemas adecuados de residuos sólidos y líquidos seguros. Más aún, con la infeliz construcción del Qhapac Ñan, impulsado por la gestión municipal desastrosa  de Marco La Torre y financiados con fondo de la Minera Yanacocha se le ha dado la estocada final al valle que todos debíamos proteger. Los ríos Chonta y Mashcón han muerto, sin que hiciéramos mucho para evitarlo y ahora hagamos poco o nada para recuperarlos. El río Grande, luego de que Yanacocha destruyera las lagunas que le daban origen, ahora nace de cuatro tubos con agua bombeada y frecuentemente contaminada. Es triste ver cómo los vecinos que viven en las márgenes de los ríos parecen celebrar su muerte teniéndolo como botaderos de basura, de desmontes, vertedero de aceites de los centros automotrices y el lavado informal de autos y mototaxis, que proliferan sin ningún tipo de control.

Indeseable. No hay que ser un idealista y nostálgico para recordar que la ciudad cajamarquina “pre-minera” era agradable, saludable, simpática, segura, verde, de bajos costos. La ciudad que la minería del oro nos trajo es indeseable: congestionada, insegura, cara, insostenible.  No soy enemigo de la modernidad entendida como ampliación de servicios y bienestar, y aún de progreso cultural enriquecido por el encuentro de ciudadanos de todo el mundo. Pero si creo que debemos alzar nuestra voz de rechazo, de reclamo a las autoridades que la dirigen, de llamado a la conciencia de los vecinos que la habitamos, pues no es esta la modernidad de la ciudad que los cajamarquinos nos merecíamos.

Datos:

  • Según el ranking de Ciudadanos al Día sobre seguridad ciudadana Cajamarca se ubica en el tercio medio de las regiones inseguras del país.
  •  Según información de la PNP, Cajamarca registra casi seis veces más delitos por año que Amazonas y Huancavelica, dos veces más que Ayacucho.
  • Si bien la región se ha convertido en la primera productora de oro del país, en los últimos años descendió del 2do. lugar de producción de lácteos al tercer lugar.
  • Según el Ministerio del Ambiente la región de Cajamarca solo tiene obras de saneamiento para el 29.43% de su población y se halla entre las 8 regiones del Perú que mayores impactos sufrirá por efectos del cambio climático.
  • Cajamarca está considerada entre las cuatro ciudades más caras del Perú.
  • Según el MINEM, a Junio del 2011, un millón seiscientos catorce mil setecientos noventa y ocho hectáreas de la región habían sido entregadas en calidad de concesiones mineras (equivalente al 48.47% de toda la región).
  • Según MINEM, en el año 2010 Cajamarca fue la región de mayor existencia pasivos ambientales mineros del  Perú (976 pasivos, frente a los 760 de Huancavelica).

Aún Estamos a Tiempo Si Actuamos Ya! Aún sabiendo que, en algunos casos los daños que le hemos hecho al valle que acogió a la depredadora ciudad son ya irreversibles, en otros, aún abrigo la  esperanza que algo podemos hacer por cambiar: intangibilicemos el poco valle que nos queda y creemos un gran parque donde los cajamarquinos podamos disfrutar del paisaje que acaso inmerecidamente Dios nos regaló; recuperemos los ríos y quebradas que rodean o atraviesan la ciudad; protejamos las fuentes generadoras de agua como el Quilish y la Shacsha para que la voracidad de la minería y nuestra inconciencia ambiental ciudadana no las destruya; exijamos normas municipales para devolvernos seguridad ciudadana, regular el crecimiento caótico de taxis y mototaxis, limpiar el aire que se está volviendo mortal y hacer del centro histórico una zona peatonal donde podamos volver a caminar en paz entre nosotros, con Dios, con la bella tierra que nada malo nos hizo para que la estemos tratando tan, pero tan mal.

Tomado del diario on line “Prensa Libre Mundo”
Fecha de publicación en el E-cochaski:
Jueves 8 de setiembre de 2011

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