El E-cochaski

Notas socioambientales del Perú (y allá)

SEDANO, Vladimir | Un modelo de comunicación para prevenir los conflictos socioambientales mayo 6, 2012

04.05.2012. (Vladimir Sedano[1]) | En relación a los conflictos socioambientales, principalmente mineros, que en los últimos años se han suscitado en el país, y en la actualidad tenemos una serie de conflictos de este orden latentes a lo largo y ancho de nuestro territorio, mucho se ha opinado y cada quien ha dado su posición frente a la actividad minera.

En el interior del país, principalmente en las zonas donde operan las empresas mineras, las poblaciones rurales y comunales casi no han manifestado públicamente sus posiciones, más se ha escuchado a algunos líderes locales o representantes políticos de los Gobiernos Regionales o Gobiernos Locales, o en algunos casos a líderes ambientalistas manifestar su rechazo casi recalcitrante a la actividad minera, desconociendo cualquier beneficio que está pudiera generar para el país.

Y el principal argumento que se escucha tiene que ver con que la minería en el país no genera para nada desarrollo, el mismo que se puede evidenciar en la pobreza persistente en las zonas rurales o del in

terior del país, donde opera la minería. Sin embargo, nadie ha hablado del rol del Estado en su función de promover el desarrollo del país para estas zonas.

A contraste, en los últimos años el Gobierno Central, los Gobiernos Regionales y Gobiernos Locales se han beneficiado enormemente con más recursos de canon y sobrecanon, así como de regalías mineras, las mismas que no están siendo adecuadamente utilizadas para contribuir con el desarrollo de los pueblos del interior. El canon y sobrecanon, así como las regalías mineras casi no llegan a las zonas de influencia transformados en proyectos de desarrollo u obras que contribuyan a superar la pobreza y extrema pobreza.

Entonces, no se puede responsabilizar del todo a la actividad minera, si esta es la principal fuente de contribución para el canon, sobre canon y regalías, las que principalmente deben usarse en obras y proyectos para desarrollar a los pueblos del interior, y casi no se usan para este fin, debido a una serie de limitaciones y a la burocracia del sistema estatal.

En cuanto a la gestión de la empresa minera está se debe realizar con el uso de la más alta tecnología, a fin de reducir los impactos ambientales en los territorios donde se opera y además la misma debe generar en las zonas de influencia la inclusión de los actores locales en la prestación de los servicios de terceros o de personal de mano de obra no especializada, situación que ya se viene realizando en la gestión de algunas empresas mineras.

Sin embargo, cuando se habla de los conflictos socioambientales en nuestro país, inmediatamente se hace referencia, como ya se ha visto en casos como el conflicto de Bagua en el pasado reciente, o el de Conga en la actualidad, al tema del manejo inadecuado de la información o, en otras palabras, a la desinformación de las poblaciones del interior.

Se dice, por ejemplo, que las poblaciones protestan por la desinformación que tienen respecto a los reales beneficios de los proyectos extractivos, debido a que las empresas y el gobierno no manejaron adecuadamente los procesos de información dirigida hacia las poblaciones y comunidades locales de las zonas de influencia del proyecto.

Siendo así, tenemos una población que no fue consultada previamente, desinformada sobre los beneficios del proyecto extractivo, y además con una percepción negativa de las actividades extractivas debido a que no se utilizan los recursos del canon y sobrecanon, entre otros, de sus municipalidades y Gobiernos Regionales, en proyectos de desarrollo local, y que desconocen que estos provienen del impuesto a la renta de las empresas extractivas, principalmente.

En ese marco de referencia, la intervención minera o extractiva puede presentarse como una amenaza para las poblaciones aledañas, en tanto que se haría uso de los recursos naturales, con los cuales además las poblaciones de las comunidades tienen otro tipo de vínculo ancestral y tradicional.

Mientras tanto, las empresas mineras o extractivas no ejercen una gestión de la comunicación adecuada para informar los beneficios de los proyectos o para establecer una mejor relación con las comunidades y poblaciones locales, basadas en un genuino entendimiento del “otro” en la comunicación.

Las empresas extractivas generalmente contratan a comunicadores o relacionistas comunitarios que desconocen los modelos de comunicación adecuados para el establecimiento de una mejor interrelación con las comunidades o desconocen las herramientas más adecuadas de comunicación para zonas rurales, teniendo en cuenta las diferencias existentes entre el campo y la ciudad.

Se aplica, por lo tanto, modelos tradicionales, funcionalistas o desarrollistas de la comunicación, en donde se da mayor importancia al emisor, que busca influir en el receptor

en función a la elaboración de mensajes que sólo apelan a las emociones, sin buscar el cambio social sostenible. Entonces, vemos que se utiliza, por ejemplo spots de televisión, para mostrar los beneficios de la minería, contados a partir de actores que representan al poblador o comunero de la zona de influencia, y que puede resultar hasta ofensivo para el comunero local por la exagerada dramatización o que ni siquiera será visto por él debido a que no tienen acceso a la televisión.

El manejo de la comunicación con las comunidades es diferente al manejo que se pueda ejercer a nivel corporativo, institucional, publicitario o citadino. Para ser entendidos por los comuneros se requiere de otro modelo que permita el desarrollo de la comunicación de forma horizontal, interpersonal y que reconozca la cultura del poblador de andino o amazónico.

Al respecto, el modelo de comunicación para el desarrollo es una alternativa real y viable para comunicarse con las comunidades y prevenir los conflictos socioambientales, ya que este modelo descarta la participación del emisor y receptor, como tales, del modelo tradicional y los reemplaza por el tomador de decisión A y el tomador de decisión 1, entendiendo que cada cual tiene su propio marco de referencia, distinto el uno del otro.

Por ejemplo, tenemos por un lado, al empresario minero, que vendría a ser el tomador de decisión A, y por el otro, al comunero, que vendría a ser el tomador de decisión 1; como se ve, cada tomador de decisión tiene la misma importancia en el proceso de comunicación ya que A es la primera letra del alfabeto y 1 el primer número.

Al tomador de decisión A le interesa, por ejemplo, la rentabilidad de su inversión a partir de una eficiente explotación de los recursos naturales; mientras que al tomador de decisión 1 le interesa que no se perjudique el ecosistema que le permite realizar sus actividades agropecuarias. Para el tomador de decisión A, los recursos naturales son la base para la extracción de la materia prima de los minerales que vendrán a ser sus productos; mientras que para el tomador de decisión 1, son elementos de su cosmovisión andina: la pachamama. En ese sentido, es difícil el entendimiento, ya que los intereses y percepciones son diferentes.

Sin embargo existen elementos que pueden ser comunes a ambos. Tanto al tomador de decisión A como al tomador de decisión 1 les interesa obtener mejores ingresos por sus actividades económicas. El empresario busca la rentabilidad de su inversión y tiene que aprovechar el momento actual del alza en los precios de los minerales a nivel internacional; mientras que el comunero, dedicado tradicionalmente a las actividades agropecuarias, quiere tener una buena producción y comercialización de sus productos (más rentabilidad), o tener un trabajo que le permita mejores ingresos económicos.

En ese marco, el entendimiento puede lograrse a partir del uso del modelo de comunicación para el desarrollo, que permita conocer e interrelacionar los intereses de cada uno de los agentes de comunicación, que en los conflictos se llaman las partes.

En este modelo de Comunicación para el Desarrollo, la designación tradicional de receptor y fuente han sido cambiadas por Tomador de decisión A y 1.
A es la primera letra del alfabeto mientras que 1 es el primer número arábigo. De esta forma ideal, no aparece un elemento dominador como ha sido el caso en los primeros modelos de comunicación.
Se reconoce que los dos tomadores de decisión no comparten las mismas destrezas de comunicación y como resultado el C (comunicador) en este modelo, se toma como el facilitador que interactúa con cada tomador de decisión dentro de su propio marco de referencia. El facilitador traduce las palabras, expresiones y acciones de un tomador de decisión (la x pequeña) en el lenguaje (la x grande) comprensible para el otro tomador de decisión, para crear un mutuo entendimiento que lleva a una toma de decisiones conjunta y exitosa.

Pero para establecer una genuina comunicación se requiere en principio la voluntad por parte de la empresa extractiva, de mejorar la gestión de sus comunicaciones o relaciones comunitarias, adoptando el modelo de comunicación para el desarrollo, como herramienta que sirve más allá de la transmisión de la información, en la estrategia para generar el cambio de actitud, a partir del involucramiento del “otro” en el proceso de la comunicación, reconociendo sus necesidades, sus percepciones, su idioma, su cultura, a fin de que el cambio sea sostenible.

La comunicación para el desarrollo, como modelo ayudará a reconocer la capacidad pensante del receptor, que no será más receptor, sino tomador de decisiones, agente participante en el

proceso comunicacional, el mismo que será no sólo estrategia, sino fin en sí mismo tiempo, con lo cual se garantizará la democratización en la comunicación.

Este modelo, en las empresas extractivas, tendrá que abordar el diseño sistemático y el uso de actividades de participación, enfoques, métodos y medios para compartir información y conocimiento entre todos los agentes en un proceso de desarrollo rural, para asegurar el entendimiento mutuo y el consenso que lleva a la acción.

Por lo tanto, redefinir las estrategias de comunicación de las empresas extractivas fundamentalmente tiene su punto de partida en adoptar el modelo de comunicación para el desarrollo para la gestión de la comunicación corporativa orientada a las zonas influencia y de relaciones comunitarias, si se quiere prevenir los conflictos socioambientales o establecer mejores relaciones con la comunidad.


[1] Vladimir Sedano es Licenciado en Ciencias de la Comunicación, y especialista en Comunicación para el Desarrollo. Ha implementado estrategias y modelos en comunicación para el desarrollo en sectores relacionados con agricultura, gestión local concertada, ordenamiento territorial y responsabilidad social corporativa.

—-
Recibido mediante correo electrónico
Fecha de publicación en El E-cochaski:
Lunes 7 de mayo de 2012

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s